Diseño Urbano

Barcelona%20microciudades
08 de abril de 2016

Barcelona, un modelo para Santiago


Columna El Mercurio del arquitecto Luis Alonso (jueves 10 de marzo de 2016)

"..se conforma como microciudad en cada una de las 'manzanas' o bloques que la conforman. En cada una de ellas podemos encontrar áreas residenciales, oficinas, hoteles, residencias de adulto mayor, jardines infantiles, equipamientos sociales, tales como bibliotecas, centros de salud, residencias de estudiantes...".

“En mi indisoluble condición de arquitecto donde disfruto y me explayo en torno a las condiciones urbanísticas que posibilitan que esta ciudad sea hoy un referente mundial urbanístico y arquitectónico. Creo que muchas de tales premisas podrían y deberían incorporarse en el Gran Santiago”, señala Alonso.
El arquitecto destaca que Barcelona tuvo la suerte de contar con un político como Pasqual Maragall, alcalde en la etapa olímpica y como presidente del gobierno catalán después. Un político que apostó, de forma contundente, por la arquitectura como auténtico regenerador y cohesionador social.
Este nuevo modelo urbanístico barcelonés se basa en la auténtica "promiscuidad funcional", que es lo mismo que la mezcla de usos y funciones, constante y permanente en cualquier parte de la ciudad. Barcelona se conforma como microciudad en cada una de las "manzanas" o bloques que la conforman. En cada una de ellas podemos encontrar áreas residenciales, oficinas, hoteles, residencias de adulto mayor, jardines infantiles, equipamientos sociales, tales como bibliotecas, centros de salud, residencias de estudiantes, etcétera. Una acertada política de potenciación de mezcla exhaustiva de usos.

Se ha huido, pues, de la segmentación de funciones, tan típica y tópica, en las actuaciones de crecimiento urbanístico de muchas de las ciudades (incluyo grandes áreas de Santiago) que tomaron muy erróneamente como modelo de expansión y crecimiento el modelo norteamericano. Se originan auténticos guetos unifuncionales, donde se generan áreas estrictamente residenciales, áreas estrictamente de trabajo (oficinas) y áreas de entretenimiento y comerciales ( malls ): todo vive a través de ese triángulo perverso, que ocasiona grandes desplazamientos del ciudadano (en especial en auto privado), con las consiguientes molestias, gran consumo energético y generación de polución atmosférica; en definitiva, aumentando absurdamente el consumo de todo, pero en especial de psiquiatría para el sufrido ciudadano, que pasa gran cantidad de tiempo atrapado en la esclavitud vehicular.
Otras herramientas utilizadas en Barcelona han sido la potenciación de áreas peatonales y espacios públicos, donde la calidad de estos no es un problema únicamente de estética, sino principalmente de ética social. La ciudadanía respeta y valora tal calidad, de forma inequívoca. Un fino trabajo de "acupuntura", donde el bisturí de los arquitectos ha ido actuando, en cualquier lugar de la ciudad, para abrir esos espacios de estar en las calles y plazas, nuevamente aparecidas o de antigua ubicación. Sin olvidar la rehabilitación tanto de edificios como de barrios enteros, como respeto al pasado, pero sin abandono de la apuesta por el futuro.

Y por último, la compactación de la ciudad. Ha sido clave el limitar la expansión por extensión, o por "inundación" del territorio circundante. Y para ello la apuesta por la altura de algunas zonas edificables, aquellas donde hay un buen transporte público (en especial el metro). En general, hay un erróneo y extendido concepto de la ciudadanía que asimila la altura edificada con la especulación urbanística. La altura edificable puede ayudar a contener esa no deseable extensión de la ciudad, aportando la liberación de espacios en el centro, allí donde en general más se precisan tales áreas verdes y espacios públicos. Evidentemente, no predico la extensión por doquier de tales edificios de altura sino en áreas muy controladas y puntuales, que densifiquen, pero con sensatez. Hay que perder el miedo a la altura, hay que transmitir los efectos beneficiosos que puede aportar para hacer más humanas nuestras ciudades.