Diálogos Urbanos

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08 de abril de 2016

Proyectos urbanos con ADN participativo


Acoger la opinión de la ciudadanía a la hora de planificar y diseñar intervenciones en las ciudades no sólo es una puerta para el ingreso de nuevas y frescas ideas, sino que también refuerza la valoración y el sentido de pertenencia de los proyectos.

Las intervenciones urbanas surgidas de la confluencia creativa de diversidad de actores, producto de un componente colaborativo real, son hoy una tendencia que avanza decididamente a convertirse en norma.

Ejemplo de ello son los Centros de Cultura, Recreación y Educación Ambiental (CREA) de Lima, edificados para ofrecer “servicios de cultura y recreación de alta calidad en las zonas periféricas de la ciudad; mejorar la integración de los parques con los barrios donde se ubican y las condiciones de seguridad en sus entornos circundantes a partir de la apropiación y uso por parte de los vecinos”.

Sobre estas instalaciones ubicadas en parques de la capital peruana, el portal Plataforma Arquitectura destaca que “cada uno de estos equipamientos plantea un programa acorde a los resultados de un proceso de diseño participo local”. Para ello los vecinos tuvieron la oportunidad de participar en talleres de socialización, instancia donde un equipo interdisciplinario de profesionales se recogió sus propuestas, opiniones y expectativas.

Hoy se han construido tres de los diez CREA proyectados en los parques zonales Huiracocha, Huáscar y Capac Yupanqui, cuyas infraestructuras fueron adaptadas a la geografía y características de cada paño verde. “Estos equipamientos culturales han demostrado que, gracias a una infraestructura que respeta el entorno paisajístico y una metodología de diseño participativo que considera a la comunidad involucrada, es posible generar lugares de encuentro que mejoren la calidad de los espacios públicos e incentiven el arte y la cultura local”, señala el sitio web especializado Plataforma Arquitectura.

Inaugurada su primera fase hace seis años, el High Line Park de Nueva York también es fruto de un extenso diálogo entre diversos actores y de la apropiación de un espacio público por parte de la comunidad. En 1980 fue la última vez que un tren de carga recorrió la vía férrea aérea de 2 kilómetros de longitud que por más de dos décadas estuvo abandonada. 19 años después vecinos fundaron Friends of High Line para velar por su preservación y su reutilización como espacio público abierto; ello, en momentos en que se instalaba el debate sobre qué hacer con la estructura.

Tras un estudio de la mencionada organización social que demostraba que la creación de un parque era económicamente viable, ésta y la Ciudad de Nueva York lanzaron un concurso para diseñar lo que sería una nueva área verde para la “Gran Manzana”. En 2014 abre la tercera y más septentrional sección del parque cuyo paisajismo, tal como deseaban los vecinos, está inspirado en las vistas naturales y salvajes que los años de inacción habían creado en la vía; incluso algunas de las plantas entonces nacidas fueron incorporadas al proyecto final al cual se puede acceder desde varios puntos del recorrido. Si bien el parque es propiedad de Nueva York, es mantenido y manejado por Friends of High Line, en colaboración con el Departamento de Parques y Recreación neoyorquino.

Exitosa también es la Librería al Aire Libre de Magdeburg, Alemania, que ocupa un espacio triangular que por largo tiempo permaneció baldío luego de la demolición de la antigua biblioteca local. De acuerdo al sitio Public Space, el proyecto partió en 2005 en el marco de un experimento urbanístico tendiente a reforzar las redes sociales del distrito otrora industrial de Salbke.

Tras un “proceso participativo cercano y abierto” entre vecinos, arquitectos y representantes del municipio se levantó en el lugar y con materiales reciclados una maqueta a escala 1:1 del diseño que más gustó a los vecinos, el mismo que luego fue construido por la oficina KARO: la fachada final es de piezas de un edificio de los 60’s que fue demolido, los libros van en un grueso muro que da a un espacio verde donde se puede leer, también hay una cafetería y un escenario donde los estudiantes de la escuela básica presentan sus obras, se realizan lecturas públicas y conciertos.

“La integración entre los distintos actores en ajuste y diseño de las propuestas, así como la colaboración y participación del resto de la comunidad fue clave”, destaca el arquitecto español Samuel Padilla Llano sobre el proyecto ganador del premio Europeo de Espacio público urbano 2010. Public Space, a su vez, subraya que “lejos de ser gentrificado, en el contexto urbano de Salbke gana valor añadido con la presencia de este edificio, que se apodera sabiamente de un espacio intersticial y degradado para ordenarlo y significarlo”.