Proceso Ambiental

Edmonton
09 de diciembre de 2015

Remediación de brownfields: Edmonton, un caso para observar


La remediación de brownfields para fines residenciales ofrece la oportunidad de revitalizar barrios envejecidos o abandonados, aumentar el crecimiento económico de la zona y mejorar la seguridad de los barrios, entre otros muchos beneficios.

Recuperar un terreno brownfield, es decir, que ha sido utilizado para fines industriales, representa un desafío que no todos los gobiernos o empresas están dispuestos a afrontar, ya que al financiamiento que involucra construir el proyecto, se suman los altos requerimientos regulatorios y los elevados costos asociados a la remoción de los contaminantes para dejar el terreno apto para la instalación de viviendas.

Sin embargo, un proyecto correctamente desarrollado puede acarrear varias externalidades positivas, como el aumento del comercio y, por ende, del crecimiento económico y desarrollo de la comunidad; el incremento en el valor de las propiedades de los vecinos; la reducción del crimen en la zona, al volver habitables sectores que antiguamente estaban permeables a la delincuencia; y la revitalización de los barrios, con la llegada de nuevos vecinos y visitantes.

Canadá es pionero en materia de remediación y reincorporación de terrenos brownfield a las ciudades, con más de 30.000 terrenos detectados y numerosos casos de éxito y proyectos a futuro.

Un caso llamativo es el de Oliver Village, en la ciudad de Edmonton, donde el retiro de las líneas de tren que cruzaba la ciudad dejó atrás un terreno con residuos de hidrocarburos y metales pesados que implicaba un costo de remediación de US252.000, imposible de solventar por Canadá Lands Company (CLC), compañía dueña de las tierras, debido a la complicada situación económica mundial de los 90.

CLC es una corporación federal autofinanciada que tiene por objetivo reintegrar con armonía antiguas propiedades de gobierno en desuso, de manera de satisfacer las necesidades de los canadienses con barrios inspiradores y sostenibles.

El terreno cruzaba buena parte de la ciudad, generando una barrera entre el centro y los habitantes del norte, con escasos puntos de conexión para peatones y automovilistas. Más aún, para la municipalidad el terreno representaba un lunar negro en el paisaje, cuyo abandono no contribuía estética ni económicamente al desarrollo de la ciudad, sino que representaba un riesgo a la seguridad de los vecinos.

Por tal motivo, la autoridad de la zona decidió dialogar con la empresa y juntos generaron un “acuerdo de remediación”, que establecía los plazos y mecanismos del proceso. La autoridad, por su parte, entregaría las garantías para que los trabajos se llevaran a cabo de la manera más expedita posible y contribuiría con algunos costos de infraestructura como la construcción de caminos alrededor del sitio, la remoción de un túnel, dos puentes y la creación de parques.

El resultado fue la transformación de un terreno desierto en un barrio de uso mixto floreciente, consistente en dos edificios residenciales (Ashby y Brighton), con un primer nivel destinado a comercio y restaurantes. Esta revitalización implicó un incremento en la densidad residencial, la activación del comercio y el aumento del valor del suelo, que trajo beneficios económicos para residentes y la municipalidad.

El complejo fue tan exitoso que fue galardonado con el Premio al Desarrollo del Centro, entregado por la Corporación de Desarrollo de Edmonton.