
Las “narices entrenadas” se consolidan como una herramienta clave para la medición de olores en contextos ambientales e industriales, permitiendo traducir una percepción subjetiva en datos objetivos mediante metodologías estandarizadas como la norma NCh 3190. Esta técnica combina paneles humanos capacitados con tecnología especializada, logrando una evaluación más precisa de emisiones que antes eran difíciles de cuantificar.
A nivel internacional, su uso se ha extendido como complemento a los sensores, especialmente en proyectos complejos donde los compuestos odoríferos interactúan de manera diversa. El olfato humano, con su capacidad para identificar mezclas, aporta información que los sistemas digitales aún no logran replicar completamente por sí solos.
En el caso de Las Salinas, esta metodología se integra al monitoreo ambiental del proyecto de biorremediación, reforzando la información entregada por sensores instalados en terreno. Así, se obtiene un seguimiento más dinámico y ajustado a la realidad, fortaleciendo la gestión ambiental y la transparencia del proceso.